Siempre que llegaba a la puerta y oía el piano, sabía que estaba en casa. Te recuerdo de espaldas, concentrado en alguna nota que se quedaba trabada en los dedos, mirando las teclas con enfado hasta que te dabas la vuelta y me encontrabas apoyada en el marco de la puerta, mirándote y sonriendo. En ese momento mi mundo se oscurecía y la única luz que era capaz de divisar eras tu. Te levantabas despacio, acercándote, me besabas; siempre con pasión. Una pasión que mis labios recibían ansiosos, como si tu beso fuera mi droga diaria, como si tu presencia fuera lo único que calmase mi dolor. Un dolor secreto, que yo sólo compartía con el médico y que tu sólo conocerías cuando todo fuese irremediable.
Pero maldita la hora en que el destino hizo su aparición, llevo horas apoyada en el marco de esa puerta, mirando tu piano, intentando recordar las notas, intentando atraer a mi mente tu imagen... pero es imposible, hace dos años que te fuiste, y yo me he quedado sola, sin mi droga, con mi dolor... lo único que me consuela es saber que el tiempo está haciendo su trabajo, que no falta mucho para volver a estar juntos. Necesito que esto acabe, necesito volver a casa.
¡Esto es rematadamente triste joder!
ResponderEliminarEl desenlace real es igual de triste pero menos mal que no tan dramático.
ResponderEliminar